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Gabriel Easton sobre importancia del estudio del nuevo volcán activo en la Patagonia: “Se ratifica que la falla Liquiñe‑Ofqui es una falla activa, que es capaz de generar sus propios terremotos”

El geólogo manifestó en All you need is lab que la investigación en el área sirve para demostrar que existe un grado de peligrosidad, además de promover la actualización de la cartografía en la zona austral de Chile.

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Como no iba a llamarse Mate Grande, si se trata de una caldera de cinco kilómetros de diámetro, ubicada a ochenta kilómetros al suroeste de Coyhaique, en plena Patagonia chilena. El equipo liderado por Gregory de Pascale, que ya publicó los detalles de sus investigaciones en Nature Scientific Reports, rindieron tributo a la cultura del mate para nombrar a este nuevo volcán, que con menos de cinco mil años de antigüedad, se posiciona de inmediato como un volcán activo, parte de la Falla Liquiñe-Ofqui.

“Siempre un volcán activo implica algún grado de peligrosidad”, partió comentando el académico del Departamento de Geología de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, Gabriel Easton. “El peligro más relevante en este caso tiene que ver con la posibilidad de caída de ceniza hacia los poblados más importantes, que pueden estar más distantes pero que por la acción de los vientos del suroeste, esta ceniza puede viajar grandes distancias”, señaló el profesional.

Pero para Easton lo realmente importante de anunciar este descubrimiento pasa porque “por primera vez se reportan velocidades de movimiento de esta falla a escala de los últimos 20 años. Se ratifica que la falla Liquiñe‑Ofqui es una falla activa, que es capaz de generar sus propios terremotos y por lo tanto conlleva algún grado de peligrosidad”. Se trata de una falla de más de 1.000 kms. y que abarca desde La Araucanía hasta el istmo de Ofqui, en la que se encuentran muchos volcanes que están siendo monitoreados por Sernogeamin.

Otro de los puntos relevantes son comprender el triunfo de llegar a la zona, pues “una parte de la caldera está parcialmente colapsada, además de la cubierta vegetacional y el poco acceso a la zona, hacen de esta empresa algo realmente difícil, por lo tanto el logro cobra aún más relevancia”, apuntó el geólogo, añadiendo que “uno piensa que está todo descubierto en nuestro territorio. Hay mucho que hacer todavía en el ámbito de los estudios geológicos que nos permitan entender mejor la dinámica geológica de nuestro territorio y los peligros que ello conlleva, para en ese contexto desarrollarnos de manera sostenible”. En ese sentido destacó el proyecto que continúa realizando Gregory de Pascale, aportando a tratar de determinar “qué tan recurrente pueden ser los terremotos”, en la zona, y abriendo las posibilidad de mapear zonas no muy exploradas aún: “Hay zonas que todavía están cartografiadas a una escala muy amplia, sobre todo en la Patagonia, que requieren de una escala más detallada”.

Por otra parte, en comparación con otras fallas que están presentes en el territorio nacional, Easton recordó que para analizar su peligrosidad, “lo que tenemos que entender de las fallas es: si son activas o no, y si son activas, a qué velocidad se mueven o acumulan esfuerzo tectónico, y cuando fue el último terremoto”. De esta manera, “la de San Ramón se mueve mucho más lento, acumula esfuerzo tectónico, pero el último terremoto fue hace 8 mil años”, lo que la hace más preocupante.

Escucha la entrevista completa, aquí.

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